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‘La magia de la Plaza Roma’ de Begoña Oro

Para recibir la visita de los Reyes Magos, hay que cumplir por lo menos dos cosas.

Una: portarse muy muy muy requetebién.

Y dos: escribir una carta que llegue a los Reyes Magos.

Algunos niños y niñas cumplen lo primero ¡y eso que es lo más difícil!:

            se portan muy muy muy requetebién.

Pero a veces falla lo segundo:

            su carta no llega a los Reyes Magos.

A veces los niños se despistan o se quedan sin papel o sin tinta en el boli… Otras veces la carta se pierde porque se cae de la saca o sale volando con el cierzo… Hay muchas formas de que una carta se pierda por el camino pero, al final, todas las cartas perdidas acaban en las alcantarillas, que son los caminos que hay bajo tierra.

Por suerte, todos los caminos conducen a Roma y todas las alcantarillas, los caminos bajo tierra, también conducen a Roma, a la plaza Roma, en concreto, al interior del desagüe del fondo del estanque de agua que hay… en el centro de la plaza Roma. Ahí, justo donde tú estás mirando ahora, acaban todas las cartas que se perdieron por el camino.

Hace muchos años, se creó un túnel secreto que conecta ese desagüe con la oficina de correos de los Reyes Magos. Fue una gran idea hacerlo porque así, tarde o temprano, les llegarían las cartas perdidas.

El problema es que a menudo llegan más tarde que temprano. A veces llegan con años, décadas, de retraso, y puede ser que un señor reciba a los 43 años la bicicleta que pidió cuando tenía 6.

*Ilustración de David Guirao

Pero tú puedes conseguir atraer ahora mismo a las cartas perdidas
este año al centro de la plaza Roma y hacer que lleguen a tiempo a su
destino. Oh, sería maravilloso que lo hicieras. Harías tan felices a
niños y niñas cuya carta se ha perdido…

Mira, solo tienes que dar una vuelta completa a la plaza siguiendo estas instrucciones. Escucha primero:

Al principio, anda lento pero pisando muy fuerte. Esto es para que la
vibración de tus pasos llegue a las alcantarillas más lejanas y atraiga
a las cartas.

Acelera poco a poco y ve dando saltitos. Y cuando ya estés a punto de
completar la vuelta y no haya más cruces de coches, corre, corre,
corre, agitando los brazos como un molinillo, siempre pisando fuerte. Al
final, da cinco saltos a la pata coja. Eso es para terminar de hacer
llegar la fuerza centrípeta que hará que las cartas, allá bajo tierra,
sean aspiradas hacia el centro de la plaza.

Por el camino, para en todos los semáforos en rojo y en los pasos de
cebra. Pero eso ya lo sabes. Lo que quizá no sepas es que es muy
importante sonreír a lo largo de toda la vuelta. Esto es porque, al
sonreír, se forma un ángulo que favorece la estimulación de la fuerza
centrípeta. Además, da gusto verte sonreír. Da igual que no se te vea la
sonrisa tras la mascarilla. Se te nota en los ojos, que brillan más que
las luces del escaparate de Millán y las cruces verdes de todas las
farmacias que están cerca de la plaza Roma.

Así brillarán también los ojos de todos los niños y niñas que,
gracias a tus pasos, recibirán la visita de los Reyes Magos aunque su
carta se hubiera perdido por el camino. Y todo gracias a ti.

¡Pisa fuerte!

(No se lo cuentes a nadie pero uno de los camareros del Río de la
Plata y una de las cajeras de Mercadona, que prefieren mantener el
anonimato, son pajes de los Reyes Magos. Trabajan donde antes había un
Simago (los viejos del lugar lo recordarán). El Simago, claro, también
era mágico. De ahí su nombre: «Sí, Mago», de los Reyes Magos. Pero, a lo
que vamos, si los pajes secretos del Mercadona y del Río de la Plata te
ven cumplir esta misión, seguro que toman nota de que has ayudado a
recuperar las cartas perdidas y te recompensan. ¡Es la magia de la plaza Roma!)

 

(Plaza Roma).